MALPARIDA
No me resigno a los juicios apócrifos de la “previsibilidad” que hablan de cerrar un partido que en el trámite nunca se abrió para Progre, que la remó de atrás, y donde las que siempre entran, esta vez no entraron. Volvió la perfidia del destino, del Dios Salvaje y lo impredecible de este juego. Progre fue amante fiel, nunca se traicionó y quizás ese “sincericidio” de tanto erotismo por la pelota, que no pudo concretar en los aros, lo pagó con esa puñalada mortal. El tiro del final, que a Progre se le negó, le salió otra vez al ladronzuelo que no había disparado ni una bala de sebita, porque a lo último Progre lo amordazó, le mostró los dientes. Pero ellos se llevaron un botín exagerado.
Hay más, porque volvió esa bruja conspiración de arbitrajes horripilantes y de rivales horripilantes que hacen un culto de la brusquedad (con todo afecto “Negro”, pero son un horror). Sin querer sumarme a ningún llanto -como escuché por allí en radio sobre las quejas del arbitraje- lo primero que tengo para decir es que Tosello está para el retiro. Dirigió a 10 metros de las jugadas más decisivas de la noche. Los fules insólitos a Bailey, las mil y un antideportivas a Rasio . La indiferencia ante el foul táctico como sistema que usaron las tropas de Caballero.
¿A qué cancha fuimos? A ésa que volvía a demostrar todo su fervor, que daba para prolongar con una cerveza “helada” y una picada la noche primaveral. Y sin embargo, la gente de Progre volvió a sellar su compromiso con este presente. Con la popu que reventaba. Con la platea vestida de popular. Que visitó la cancha de disfraz de novia inundando de papeles blanco el parqué como flores que crecen, saludó al equipo y ovacionó a los guerreros.
Fuimos a la cancha que vio desfilar nuestras huestes hasta la madrugada del lunes con el pecho inflado. Con bronca pero lejos de la tragedia. Porque este impostor, la derrota , no nos pueden inducir al desengaño. No entran en mi inventario. Yo vi un público feliz, gozoso y goloso. Y un equipo coherente y convencido de que jugando así, arremetiendo en el final, se ganará más de lo que se pierde. Lobera juntó a Ojeda, Rasio, Bailey y Aleksandrowicz. Puso en evidencia lo que conceptualmente se busca. Todas las variantes de ataque posible. Todo irreprochable, aunque la pelotita no entrara. Alvear en el último cuarto no daba señales de vida y nada decía que sobre la hora “los caprichos del azar” nos iban a congelar el júbilo. Con los jugadores de Alvear –sí, yo los ví- pidiendo aliento a su hinchada mientras ganaban por más de 15 puntos.
Estuve en la mejor función colectiva de Progre-la del ultimo cuarto- que invitaba al sueño de que “hay equipo para más”.. Hasta que apareció la malparida y me dijo que “hay que esperar”, que “está pero no está”. Yo sé que jugando así se va a tener que entregar. Aunque su vida de “yira, yira” se obstine en esta costumbre “aguafiesta”. Siempre, pero siempre, “el amor es más fuerte”. A no aflojar, Pepo. A no aflojar, “Viejo”. A no aflojar, “Pitu”. A vos, capo, a no aflojar. Que las “ligas” son de maricas, no de tipos con aguante como el hincha de Progre. Ah, salute, mañana es un nuevo día, y seguro, amanece con sol.













