Por calle Alberdi no se consigue
Anoche fuimos otra vez al Palacio, ese sitio en medio de la tierra, en una ciudad descolgada en el este chaqueño, donde el sol tuesta las frentes de los colonos y la sombra de los hoy escasos quebrachos son como un tesoro de los forajidos.
Día especial si los hay, porque era el día de la madre y estaban ellas, las mujeres con letras mayúsculas buscando que las manos de los guerreros le construyan el regalo que les faltaba y pueda ser al final de la noche quizá esa caricia que les escaseo durante el día, su día. Porque estaban también aquellas que no estaban físicamente en el estadio pero en los puntos mas distantes del país, entre Chivilcoy, Zarate, la provincia de Buenos Aires, Mar del Plata, se hacían un espacio en su valioso tiempo para escuchar a sus hijos, para poder ser felices aunque ellos no estén en ese día con ellas porque había que cumplir el deber, había que abrazarse al cielo para cachetear las estrellas dormilonas.
Progre paso durante el partido por un aquelarre lastimoso, con los hinchas llevando consigo ese velorio portátil, con ese nudo en la garganta por el que pasó apenas la cerveza y el chori en el entretiempo. Y todos se juntaban al lado de la parrilla a debatir sobre lo que iba a pasar, analistas todos de básquet, confiando, escuchando de pasada parando la oreja "como iban los primos" para volver al mismo lugar a ver los últimos dos cuartos, y los cabuleros cambiándose de lugar para "ayudar a la suerte".
Tuvo que llegar el ultimo cuarto para que Progre se despabile, se despierte, se sacuda la modorra y susurre con la luna algunas palabras pidiéndole que ella, toda vanidosa lo acompañe hasta el final, aunque estaban "los infaltables", aunque estaban los "nadies" esparcidos por la cancha con sus corazones desafiando a la muerte caminando por la cornisa, aunque estaban muchos comiéndose los codos enfrente de una radio porque no pudieron juntar esos pesos para la entrada, Progre igual se encompinchó con la luna y fue al frente.
Apareció el Pitu tocado en su orgullo para convertirse en el alférez real que lleva el estandarte conduciendo el equipo por el camino de regreso al regocijo, robando pelotas, metiendo un foul y gol que hizo llorar a los mas sensibles, arrebatándole de la mano una pelota al americano de los rivales, manejando la marioneta, volando por los aires sin mas rampa que sus propias ganas mientras su madre y su novia desde la tribuna le mostraban los dientes a la noche y aplaudían "con las manos con sangre".
Y así el Bólido Rojo pasó a ganar por primera vez en el partido llegando a momentos de basquet lujoso al que nos acostumbró hace rato, y hubo tiempo para un triple de Pepo a lo ultimo que lo llevó a soltar unas lagrimas emocionadas y besar románticamente la camiseta ante un estadio que amenazaba a caerse, vibrando el cemento, para que Rasio meta una volcada digna de NBA y para que "la monada" ya en estado libidinoso cante a coro un "este equipo tiene huevo, tiene huevo y corazón, este equipo tiene todo, todo para ser campeón", con coreografía sin fin de camisetas revoloteando y abrazos que se morían por volver.
Fue así que terminó la noche, con un Palacio vestido de fiesta vomitando gritos, y un equipo que con mas garra y sangre que basquet terminó ganando un partido en el ultimo cuarto, y ya al final enterarse de la derrota de los "otros". Progre sangre, sudor,(huevos) y lágrimas, único puntero e invicto de la Liga....algo que en calle Alberdi, no se consigue...


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