Carnaval toda la vida
"No lo soñé, se enderezó y brindó a tu suerte", disparó un tipo calvo de gafas negras desde un escenario. Porque no hubo nadie que lo hubiese soñado así, creo que ni el hincha más optimista. Porque era el clásico, y televisado para todo el país por primera vez en la historia, con nuestro Progre golpeado, herido y un "negro" entonado y con ese sentimiento de que "esta vez sí".
El templo se llenó, a pesar de la noche de lluvia amenazadora que le hacía cosquillas al cielo, con relámpagos que iluminaban esa postal de a ratos.
Alvear arrancó parejo, siempre con esa creencia de que podían, de que ante el último se les daría esta vez, porque querían desterrar de su memoria aquellos ingratos recuerdos de los últimos tres clásicos.
Romero tomó el mando del equipo como no podía ser de otra manera, el único con las agallas suficientes para hacerle frente a Progresista, acompañado de un Coronel al que gracias a su pasado rojiblanco pudo entender de que se trata esto de los clásicos.
El partido transcurrió "gol a gol", con los nervios propios de este tipo de encuentros, con un Alvear llevando la iniciativa y la delantera en el marcador hasta el último cuarto donde su gente deliraba y cantaba al compás del "fantasma de la B" que se dió cita en el Templo para gastar a Progre.
Pero Progre es Progre, y le mostró la camiseta y sólo eso bastó para que "se venga el agua".
Comenzaba a llover en la Villa a cantaros y con esto Progre sacaba la historia arriba de la mesa, le mostraba la chapa, "el viejo pirata" se calzaba el traje de embajador del básquet y plantaba bandera en el aro rival, mostraba el camino, robandole más vida a los años que nunca, y más que viejo, es "el inmortal".
Y el "Pepo" y su partido aparte con la gente, con Romero, con Coronel, siempre con el alma por encima de la cabeza, curándose el sus propias heridas, tocado en su orgullo, para declararse ayer y para siempre en eterno verdugo del archi rival, para que les duela, para que les de bronca, para que entiendan que estos partidos se ganan con el corazón, y quién más que un jugador-hincha como el para sacar adelante la victoria como copiloto principal del "viejo".
Párrafo aparte para Grutzky, "jugador clasiquero", ese que siempre juega bien los clásicos, que tiene su doctorado en esta clase de partidos, más eufórico que nunca en el final. Y Carter, goleador del partido, jugador al que algo en la cabeza le hizo un "click" para que empiece a demostrar que esta camiseta no le queda grande y vaya confirmando con sus ultimas buenas actuaciones que está para mas.
Alvear tuvo la última bola del partido para ganarlo, de la mano de Cequeira, en un final no apto para cardíacos, y todos sabemos como terminó.
Porque a los partidos hay que jugarlos y porque después de esto ya va a quedar grabado en bronce que en la Villa manda uno sólo, porque para ganar un clásico tenés que tener camiseta, no se puede ir en contra de la historia, de la sangre, del corazón caliente, y ellos son "pechos fríos" por toda la eternidad.
Cuando sonó la chicharra hasta el cielo estalló, un estruendo de gritos despabilaba la noche que parecía dormida, la gente como en una marea inundó la cancha enloquecida para ir directo a gritarles a los "negros" su alegría, y de paso verles las caras agrias y amargas dignas de fotografiar.
Para llevarme a la memoria las lágrimas de "Pepo", de "Paco", del "viejo", y ese abrazo emocionado de Avalle con sus viejos para descargar tanta rabia contenida que sólo unos pocos entendemos.
No era fin de semana, ni había rey momo, ni corsodromo, ni plumas...pero hubo carnaval con Progre...toda la vida.


