"Un Domingo en el alma"...
Estamos sacando pecho como gorrion de basurero. Caminamos con ese aire canchero, sobrador, mirando desde arriba con arrogancia como inventariandolos.
Hace una semana que andamos así, con esa petulancia de aquel que termina primero la “Clarín-grilla” en la oficina. Andamos con esa resaca de fin de semana largo que no se nos va, y todavía falta. Esperando que “Pepo” la vuelva a romper, y que “Pitu” siga volando.
Pero el domingo, ¡ah, el domingo!, nadie se olvida del domingo, ¡con lo que cuesta ser feliz en esta vida!.
No podemos permitir que el triunfo del domingo tenga la fugacidad de un relampago y se acabe sólo unos días después, no señor, no. Hubiese estado bueno que este partido se postergue una semana mas para tener mas día de felicidad, pero, al carajo con el calendario. Porque ganar el clásico merece por lo menos diez o doce, o quince días de festejo, porque tenes derecho a prolongar la alegría, a cargar a los que te cargan, a cobrarte las apuestas, a inventar afiches, a escribir frases ingeniosas, a mirar al otro sobrandolo, como el otro te miraria a vos si fuese al reves.
Ganar el clásico es andar por la vida muy suelto de cuerpo, con una preocupación menos, con la sonrisa pintada en la jeta como el payaso, aunque el payaso supure por dentro.
Y mandar mensajes de texto, y comentar en el laburo, en el colegio, “We, el doble del Pepo sobre el final no sabes lo que fue…”, “Viste lo que eran las tapas de Gilligard…”, “Rasio que animal que fue, lo borro a Segura…”
Que nadie se olvide tan rapidamente del domingo, de ese Palacio brillando de purpurina, enredado en un sin fin de serpentinas, inundada de pasión, latiendo como late la tierra cuando se enoja, pero si nosotros estábamos mas golpeados que el bombo de “La banda de Progre”.
Hoy es otra cosa, otro capitulo, Unión de Sunchales, viaje, visita, es otra historia.
Y andan los hinchas de Progre. Esos miles que por la noche comparten ese rato innegociable de la cena en familia con los olores caseros que suelen quedarse para siempre en la memoria olfativa. Con los nietos sobre las rodillas, con la nostalgia de una silla vacia alrededor de la mesa, con los viejos recordando aquellos partidos “en la cancha de atrás” con Salinas y compañía.
Están esos otros que ven pasar las horas en el trabajo, o recostados en la cama de algún hospital, o viajando por alguna ruta, o prendidos al parlante de alguna pc a varios kilómetros, desbordados de melancolía, y escuchando, con los ojos cerrados, para que no se les escape la postal que para ellos, solo para ellos, trata de contar con un puñado de palabras el tipo de la radio.
Juega Progre, y como siempre, la noche del viernes es liturgia, de cena mas temprano, de radio encendida en algún patio de barrio, de sangre hirviendo como una cazuela, de adoquines que se saben de memoria la historia, de pibas que quizá sueñen con algún amor basquetbolista, y veteranos que están “jugando el descuento”.
Andan los hinchas de Progre, traen “un domingo en el alma”, que se niega al olvido…


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