QUE ESTA NOCHE

Los imagino en esa camilla de masajes esperando turnos para que los dedos expertos de Silvia se hundan en esos músculos firmes, lubricados, untados con aceite verde que huele a almendras, mientras un estruendo de un tema de “La Vela Puerca” distrae la espera.
Los imagino en el ritual del vendaje enredando el tobillo y el empeine, los pies pisando las baldosas frías para comprobar si se sienten cómodos antes de las medias y las zapatillas, antes del pantalón, antes de calzarse el manto sagrado.
Los imagino termo en mano tomando unos mates, algunos solo agua mineral, otros charlando frivolidades, unos en silencio, otros escuchando los últimos mandamientos del técnico o pensando el partido.
Los imagino frente al espejo, peinándose por penúltima vez, posando medio de perfil como posando para “Caras”, quitándose la cadenita y besando la medalla de la santísima virgen María, moviendo los hombros como Travolta, mordiéndose el labio inferior, carraspeando ligeramente.
Los imagino frente al espejo, peinándose por penúltima vez, posando medio de perfil como posando para “Caras”, quitándose la cadenita y besando la medalla de la santísima virgen María, moviendo los hombros como Travolta, mordiéndose el labio inferior, carraspeando ligeramente.
Los imagino ya de pie, ensayando algunos saltos, flexionando los brazos, elongando, algunos escapándose para pasar por el baño y sacudir un par de gotas pijoteras color ocre.
Los imagino saliendo del vestuario, la puerta cerrándose a sus espaldas con el estrepito siniestro de las rejas de Guantánamo. Ya no hay vuelta atrás. Ya no es tiempo de cobardes ni desertores. ¡Tenias razón viejo Hemingway!: “el valor solo es huir hacia adelante”.
Los imagino recorriendo la veredita hacia la cancha, y entrar al galpón que huele a humedad de tiempos inmemoriales, como una trampa de Creta diseñada por Dédalo para esconder al minotauro hambriento de sacrificios humanos. Esa galeria de azulejos transpirados, que desfiguran las siluetas, muñecos descuajeringados que maneja un torpe titiritero. Ese corredor cortito pero que parece interminable y aterrador, que conduce a la gloria o al fracaso, al fuego o al incienso, al Edén o al purgatorio.
Los imagino marchando uniformados, juntos como encadenados, sonando sus piernas contra el piso como los grilletes de los reos de una cárcel de máxima seguridad que avanzan hacia el trabajo forzado en una plantación de arroz de los pantanos.
Cuando sea medianoche, unos habrán sobrevivido, otros se habrán hundido en ese hondo bajo fondo donde el barro se subleva.
Los imagino como doce boqueteros perforando el portón y ver la luz de la cancha detrás, como Víctor Sueiro. Gotas de sudor resbalando por las axilas, cada hombre encerrado en su propio pensamiento, “El hombre y su circunstancia, el hombre y sus temores, el hombre y su valentía” Ortega y Gasset.
Los imagino deteniéndose en el medio de la cancha, ¡arengas del Gonzalo capitán!, ¡oriflamas del Pepo conductor!, ¡gritos!, ¡palmadas!, juramentándose dejar girones de carne viva desparramados por toda la cancha, porque “Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar…♪♫”
Lo imagino al Negro Gudiño yendo dos horas antes del partido en su bicicletita a ubicarse en ese trono imaginario que tiene en el Palacio, para instalarse ahí con la mirada perdida, fría, lo imagino a los viejos, a mi viejo fumándose los nervios uno por uno.
Y están los que están lejos, en esa ciudad que no les pertenece esperando algún mensaje vía Facebook o ese mensaje salvador de algún conocido que los tenga al tanto del partido, acercándoles un pedacito de ese pueblo que tanto queremos.
Imagino la monada con ese vino atropellado de por ahí, con la garganta ya destrozada antes de empezar, serpentinas en el aire, una cancha que desaparece como en un truco de David Copperfield detrás de toneladas de papel picado que se van sembrando como flores en la cancha, los hombres que lloran sin importarles la mariconada, largando esas lagrimas gruesas que sueltan cada vez que aparece el equipo, y el Palacio empieza a latir violentamente, con miles de corazones al borde del infarto…
Porque si Progre, porque esto es así, “Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar!!!….♪♫”
Los imagino saliendo del vestuario, la puerta cerrándose a sus espaldas con el estrepito siniestro de las rejas de Guantánamo. Ya no hay vuelta atrás. Ya no es tiempo de cobardes ni desertores. ¡Tenias razón viejo Hemingway!: “el valor solo es huir hacia adelante”.
Los imagino recorriendo la veredita hacia la cancha, y entrar al galpón que huele a humedad de tiempos inmemoriales, como una trampa de Creta diseñada por Dédalo para esconder al minotauro hambriento de sacrificios humanos. Esa galeria de azulejos transpirados, que desfiguran las siluetas, muñecos descuajeringados que maneja un torpe titiritero. Ese corredor cortito pero que parece interminable y aterrador, que conduce a la gloria o al fracaso, al fuego o al incienso, al Edén o al purgatorio.
Los imagino marchando uniformados, juntos como encadenados, sonando sus piernas contra el piso como los grilletes de los reos de una cárcel de máxima seguridad que avanzan hacia el trabajo forzado en una plantación de arroz de los pantanos.
Cuando sea medianoche, unos habrán sobrevivido, otros se habrán hundido en ese hondo bajo fondo donde el barro se subleva.
Los imagino como doce boqueteros perforando el portón y ver la luz de la cancha detrás, como Víctor Sueiro. Gotas de sudor resbalando por las axilas, cada hombre encerrado en su propio pensamiento, “El hombre y su circunstancia, el hombre y sus temores, el hombre y su valentía” Ortega y Gasset.
Los imagino deteniéndose en el medio de la cancha, ¡arengas del Gonzalo capitán!, ¡oriflamas del Pepo conductor!, ¡gritos!, ¡palmadas!, juramentándose dejar girones de carne viva desparramados por toda la cancha, porque “Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar…♪♫”
Lo imagino al Negro Gudiño yendo dos horas antes del partido en su bicicletita a ubicarse en ese trono imaginario que tiene en el Palacio, para instalarse ahí con la mirada perdida, fría, lo imagino a los viejos, a mi viejo fumándose los nervios uno por uno.
Y están los que están lejos, en esa ciudad que no les pertenece esperando algún mensaje vía Facebook o ese mensaje salvador de algún conocido que los tenga al tanto del partido, acercándoles un pedacito de ese pueblo que tanto queremos.
Imagino la monada con ese vino atropellado de por ahí, con la garganta ya destrozada antes de empezar, serpentinas en el aire, una cancha que desaparece como en un truco de David Copperfield detrás de toneladas de papel picado que se van sembrando como flores en la cancha, los hombres que lloran sin importarles la mariconada, largando esas lagrimas gruesas que sueltan cada vez que aparece el equipo, y el Palacio empieza a latir violentamente, con miles de corazones al borde del infarto…
Porque si Progre, porque esto es así, “Esta noche cueste lo que cueste, esta noche tenemos que ganar!!!….♪♫”

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