lunes, 5 de diciembre de 2011

La Fiesta Inolvidable


Y un día Dios nos escuchó. Y volvió casi arrepentido de tantas distracciones. Y nos regaló una fiesta inolvidable. Y nos regaló un equipo, de la mano de ese Lobera casi olvidado. A “estos soldados de Progre”, a este montón de “nadies” que ayer nos mezclamos todos como metáfora que tiene el básquet de igualarnos. Que hicieron malabares para estar durante la semana. Pero que hicieron también lo imposible para decir presente desde muy lejos, desde tempranito. Vía mail, Internet, desde todo el país, para hacernos sentir, que iban a estar. Desde donde sea y de la manera que fuera. Y entonces, Dios volvió… porque descubrió esa fe inconmensurable, arrasadora, que venía de la historia, de la cuna del Club con el Pepo, Pitu y el viejo. Porque vio como el “face” explotaba de acompañamiento. Y el “celu” se bloqueaba de mensajes de texto, con historias desde la Villa. Con cientos de “estamos llegando”. todos cantando, rezando y amando. Como esa señora que que dejó la cocina a medias y fue llevada por su hijo que además era hincha de Alvear. Y toda esa legión que entendió que lo único que quedaba era “venir a ofrecer el corazón”.

Yo estoy seguro que bajó. Que se coló para ayudar a entrar ese trapo Los Infaltables. Que como un gusano gigante trepó la popular y nos regaló esa postal inigualable. Que llegó como un relámpago para enderezar la historia. Que supo que muchos “nadies” necesitábamos esta alegría para seguir arrancándole placer a la vida a pesar de todo. Que éramos muchos los que allí estábamos que no pudimos juntar los pesos para ver a Maná. Y que ya era tarde para “Oye Mi Amor” que veníamos por un “aquí y ahora”. Que ahí estábamos, sin dramas, todos mezclados. Desarrapados, turistas, laburantes, desocupados. Todos, sin distinción. Bailando en el palacio, con los pibitos en los hombros. Mirándonos en el espejo de los pibes que tanto tienen de nosotros.

Diciéndole al rubio de al lado: “¿Vos viste lo que es esto viejo?”. Y el tipo con  al lado contestando: “Miráme como estoy llorando”. Y uno le señala el corazón y el otro que responde: “El mío no puede más”. Y si Hermano, esta es una raza dura y sensible de corazón. Por eso creo que el de arriba volvió. Con los “ángeles guardianes” a la cancha, con los “habitantes del infierno” en las tribunas. Y se empapó de “delirio y carnaval”. Ese fervor estremecedor que solo puede proporcionar el hincha de Progre. Por eso, también nos perdonó los excesos de locura. Y nos habilitó ese “solo le pido a dios…” del final… .Es que tantas veces nos dieron por muertos y nosotros cada vez más vivos. Que era hora de hacerles sentir que se siente.

Y nos regaló un equipo que vino a dar la “vida y el corazón”. Que jugó una final. Qué casi como otra señal divina nos regaló ese tiro del final al hijo pródigo del Club.Como había sido toda la vida. Que desde el minuto cero hasta el segundo suplementario tuvo autoridad, orden y amor propio. Carácter. Que no tuvo un un guerrero, sino doce.

Que el Sapo sabiamente supo acomodar y que no se le cayeron los anillos cuando puso a Gallizzi para achicar cualquier margen de error. Vi al mismo Lobera, feliz, ese que al comienzo dijo que “daría lo que fuera por poder entrar el a jugar”
Que tuvo gestos conmovedores de solidaridad. Como cuando “Pitu” en el cambio se negó a salir, y sí, no quería perderse nada. De insolencia, en el “Pepo” que se mandó para meterla en el final. De talento en las manos de Cajal y de mucho futuro en el cambio de ritmo y la aceleración de Paciotti. En la recuperación estupenda de Laphiztborde y el profesionalismo de Ojeda.
Y ese final de video…de ramillete humano gritando “despacito, despacito, despacito…” y el “Pepo”, ya ídolo por toda su entrega, casi que llorando abrazado a su gente.

Y como si eso fuera poco. De yapa, el barba nos regaló el “sexto sentido”. Yo, vi gente muerta, como hacía rato no la veía. Se hicieron humo entre un mutismo alarmante. Se fueron esfumando entre candelabros de velorio cuando terminó el partido.Se fueron tristes, atónitos, incrédulos y Dios escuchó la marcha fúnebre más potente de los últimos años de una hinchada a otra.

De este lado, todavía late, imborrable: La fiesta inolvidable.
Gracias Dios, por hacerme de Progre, por el básquet, por “los nadies”. Por haber sido parte aunque sea de lejos de esta pasión, de esta fiesta, y todos esos pibes que lograron encenderse junto a nosotros como nunca pudo el “pecho frío” que abandonó…

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