Te quiero ASÍ
Acá estamos otra vez, espantando sonrisas por la vida, levitando alegremente como espiritus divinos, escupiendo alegrías, mirando de arriba abajo a todos, mostrándole la dentadura a la noche, al día, o sino sólo esos dientes que nos quedan, y todo gracias a vos Progre.
Yo te quiero así, pobre como estás, disfrazandote de mendigo, creyendote rey en desgracia, pero así y todo sin temerle a nadie, cuando ellos venian envalentonados de sangre como los caudillos entrerrianos, vos supiste mostrarle la chapa y decirle firmemente: “Acá el grande es uno”.
Yo te quiero así, siendo capaz de pasar de la galera y bastón al overol sin ponerte colorado, sin medias tintas. Dejando de lado por momentos ese básquet vistoso al que nos tenias acostumbrado para remendar agujeros con lucha fiel, con garra y corazón como siempre, teniendo en Rasio el abanderado honorifico de la entrega, que tiene la capacidad y el estilo como para saltar como una fiera agazapada buscando la presa tierna, tal es así que se cansó de bloquearle tiros a Bunn, el americano de la visita, a quien hizo poner colorado de vergüenza y rabia.
Yo te quiero así, Pepo, a vos que tanto sufris cuando las cosas no te salen y te ponés peor aún cuando se pierde. Esta vez te salió todo redondo, porque aunque arrancaste desde el banco te supiste poner a la altura del partido y fuiste por momentos el “barón de la mano ardiente” que nos hace conmover, clavando 4 de 5 en triples, festejando cada uno de ellos como si fuera el primero y ultimo en tu vida, demostrando ese amor a estos colores que sólo vos sabes contagiar.
Yo te quiero así, Progre, así equipo, levantandote a cada rato, yendo contra las desgracias y desventajas, madurando alegremente, después del mal trago por la lesion de Cajal. Los guerreros supieron contagiarse de su gente y sacar pecho y pelearla aun mas, porque es ahí cuando se muestran los verdaderos hombres.
Yo te quiero así, gente mía, mí gente, alentando sin parar desde la entrada a la salida. Comprendiendo que con este equipo uno se acostumbra a los altibajos, pero siempre al final de la noche, salvo alguna que otra salvajada del destino, las cosas terminan enderezandose en nuestro favor.
Yo te quiero así, Rojo de mi vida, con el impetu del equipo ganador que siempre fuiste, porque nos sobra equipo como para llegar lo mas lejos, y ahora se dio el primer paso que se necesitaba para agarrar confianza, algo que en estos tiempos que se vienen es como ese oasis en el desierto.
Yo te quiero así, Progre querido, con la tormenta azotando afuera mientras vos hacías de las tuyas adentro, para que al final se largue a llover y sea Dios cómplice en todo esto, armando la escenografia para que las nubes y sus gotas apaguen tanto fuego que quedó…


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