DE PROGRE
Uno va mutando todo el tiempo por razones naturales o por sus propias contradicciones. Y un día se pone la boina del Che y sale a hacer una revolución en una selva chaqueña, y otro día camina resignado con la mansedumbre de un animal domestico.
Uno cambia todo el tiempo, se mirará al espejo mañana y no será el mismo de hoy. Y creyó en la cigüeña de París, en las mil y una noches de Bagdad, en la alfombra voladora de Aladín y en los mares turbulentos de Simbad.
Uno se durmió tantas noches derrotado por la ansiedad soñando con Melchor, Gaspar y un Baltasar negro de hollín, pero con los años se avivó, ¿para qué?, dejó de creer y se desencantó, y se volvió cabrón, pesimista y lo ganó el desánimo. Uno era tan feliz enroscado en las mentiras piadosas, en la fantasía, en el misterio de una noche buena y una navidad, en el puñado de pasto y la lata de membrillo con agua para los camellos. Uno cambia, y fue católico, apostólico, romano, protestante, calvinista, musulmán, adventista, luterano, evangelista, judaista, budista, y paso de príncipe a mendigo, o del barro al asfalto, y de vestirse en las tiendas al lado del Remo, comenzó a frecuentar Argento, y paso de la mesa suntuosa a los 100 gramos de mortadela, de un Rutini cosecha 94 a un tetra comprado en “La Grieta”.
Uno cambia, y fue metódico, caótico o anárquico, mentiroso en honor a la verdad. Uno cambia de patrón, de computadora, de medico. Y cambia de prepaga, de banco, de auto, y de traje, de corbata, de mascota. Y una noche baila cumbia, y otra rocanrol, otra música dance, hip-hop o termina aferrado a la cintura de un melancólico tango.
Uno cambia como las modas, como los vientos, como los éxitos de verano. Uno experimenta la metamorfosis de la crisálida que termina siendo mariposa y se da cuenta, probablemente tarde, que la vida tiene la brevedad y la fragilidad de esa mariposa.
Uno pueda cambiar de pareja, de cama y hasta de sexo puede cambiar si quiere, pero si uno nació de Progre, se muere de Progre, la camiseta no se cambia, es decir, la piel no se cambia. “De Progre”, en las buenas y en las otras, eternamente de Progre, fiel como los perros, y no hay tutía, de Progre desde el vientre de la vieja y hasta el cajón


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