viernes, 6 de abril de 2012

¡Saber que se puede!


Qué nochecita! Quiero escribir los versos más lindos esta noche. Reescribir el Soneto XX, de Neruda, y que no queden dudas que siempre te volvería a elegir. Y decir por ejemplo que tiritan azules, los astros, a los lejos… y que titilan los cuerpos aún bajo el cielo húmedo del Palacio. Que ese Pitu pareció un cometa disparado por la estrellas, que Rasio fue un ventarrón imparable, y que el Viejo Pirata es capaz de ser Otelo y brindarse con esos celos que enceguecen repletos de basquet. Quiero escribir que anoche quedó lacrado de nuevo este pacto de amor. Que quedó en el aire flotando la esperanza de “Saber que se puede”. Que el viento de la noche y esa mudas gotas todavía giran sobre nosotros y el cielo canta: “Yo te quiero…”.

Aunque sobrevinieran noches de sentir haberla perdido, jamás la vi en otros brazos. Siempre quise esta camiseta y ella también me quiso. Gracias Dios, por hacerme este guiño. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído y vaya si ella escuchó.

Siempre habrá una noche más, un cielo infinito para volver a creer. Y mucho más cuando la esperanza viaja en “colectivo”. Es humilde, se sube al bondi. Saca el pasaje más barato que hay y da muestras de que se viene lo mas duro, pero no baja los brazos. Esa es la mujer que quiero. El Progre que me puede. Esa muchacha que no se queja por la realidad dura que le toca y cuando llega el finde explota de entrega. Me gusta. La quiero. La admiro desde los pies a la cabeza. Cuando veo que está sólida, bien plantada, que sabe que no todo es erotismo. Me da seguridad, abrigo. La amo en la vocación ofensiva y agresiva de Cajal, que recuperó la memoria y se acuerda de cruzar la cancha haciendo surcos sin descompensarse. En la serenidad y lo fácil que hace todo el Pepo. En la fe y la capacidad de reacción de Gallizi. Y en esas corajeadas de Aleksandrowicz, que empuja como siempre.

Así, voy sintiendo de atrás para adelante, de afuera hacia adentro y de arriba hacia abajo, que “el camino al andar” se va haciendo. Y que Pepo, cuando ya no quedan balas tira con piedras, va a por más y quiere su bomba. Y ya no es el pibe, es el “hombre nuclear” que contagia a todos. Y Gorostiaga, casi como doble base, quita, juega y hace jugar. Mete asistencias, juega corto, tiene cambio de frente, y se va metiendo en el engranaje del “bondi”. Igual que Osores, que ayer tuvo poca claridad, pero que tiene quinta velocidad para cuando hace falta. Y “Taya”, que es un diamante en bruto al que hace falta pulirlo nada más. Y Greg. ¡Ay, Greg! Absorbido, como displicente, sobrador en un tiempo y de repente ¡zas! Las palabras del vestuario que le sacuden la modorra y aparece el faro que todo esperamos.


Y encima entra el Pitu y se mete en el toqueteo. Ya con Gallizi, dando lo que uno le pide a un juvenil. Una y una. Una corta y una individual. Más sorpresa. Descarga por un lado y caballos de fuerza por el otro. Y ya Progre deja su mejor version que hacia rato no se veia. Al punto que el amor va creciendo hacia arriba y el estadio explota.

Antes, no me olvido, hubo tiempo donde los caminos parecían clausurados. Sin embargo, se apeló a la paciencia. Una prédica que parece hacerse carne en el plantel y en los hinchas. En la cancha y en lo institucional. Yo me subo a este “bondi”. Lo veo maduro, con espíritu de equipo. Esa muchacha que me hace escribir los versos más lindos, porque es sacrificada, seductora, le gusta volar bajito, pero sabe planificar el día a día.

Esa piba que me hace ilusionar y me hace amanecer cantando: ¡Saber que se puede! Si, Progre, siempre se puede. Cómo no reescribir el Soneto XX del gran Neruda y decirte: Es tan corto el amor y tan largo el olvido. Jamás serán estos los últimos versos que yo te escriba…

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