Razón de vivir
Andabamos con la sonrisa de oreja a oreja, mirando como inventariandolos a los otros, sin ningún nervio, con 0 nivel de stress, mirando en los diarios y paginas de internet y vernos ahí arriba todavía. Pero había que seguir por la buena senda, porque de nada hubiera servido que después de ganar el clásico se consiga una derrota.
La noche se curtía de estrellas pijoteras, y algunas nubes le robaban unos besos al cielo oscuro. Se maquillaba la noche de camisetas rojas y blancas, cantos que cortaban el silencio y el alma en las manos de los huespedes de lujo que asomaban a las tribunas del Palacio.
Enfrente Oberá, timido, casi que nervioso de entrada, sumiso, que quiso demostrar que estaría a la altura del partido pero Progre lo maniató, lo amordazó y le fue dando golpes cada vez mas fuertes, con un Rasio cada vez más ídolo con esa fuerza contagiosa de epidemia, con un Schoppler encendido como un candil en la noche cuando yo "de chiquilín miraba de afuera".
Preguntas sin respuestas, la naranja vanidosa que se trasladaba con un montón de manos queriendo conquistarla, mirando de reojo a los hombres que vestían de celeste y yéndose en manos de "los hombres de rojo".
Progre de a poco lo fue demoliendo, regalandole a su gente otra alegría mas para emparchar las tristezas que deja el paso del tiempo, lo cotidiano, para esos que en el tablón buscan algún gesto que le calme las angustias, para los que saben que si está Progre y la noche, lo demas importa poco, para los que creen y esperan que si hay Progre, en el cielo hay Dios y es rojo y blanco. Para todos los que le arrancan placer a la vida saltando en los tablones en punta de pie, casi en el aire, levitando como un fantasma, para esos que se agarran de los trapos con lo negro de las uñas y cantan hasta descomponer su garganta, para nosotros, para el pueblo, los que ven en Progre su Razón de vivir...


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