En el nombre del Padre
Dios nos escuchó, como tantas veces. Oyó las voces de los que suplicaban porque "esta noche se dé". Se hizo eco de los "te amo" en facebook, del amor hecho bandera, de las palabras de twitter, estuvo en los "estoy llegando" que mandaban los que ya iban para la cancha a otro que ya estaba acunado en la tribuna. Salió corriendo, quería ver todo, hundirse en esa fiesta inolvidable, en la noche de las narices frías como "101 dálmatas", en la noche de los "pechos fríos", como Alvear.
Fué el partido que queríamos, como es típico contra "ellos", dejándolos jugar un rato los primeros minutos para mostrarles la camiseta, darle una palmada en la mejilla y decirle "ya está".
Porque somos más, en la tribuna, en la ciudad, en la cancha, con ese equipo al que le pedíamos que juegue así, con un Franco prendido fuego haciendo maniobras en el infierno para encender la noche oscura con llamaradas de placer, con ese "Pepo" que apareció cuando lo queríamos, con su partido aparte de siempre, mostrando que el camino es el corazón por sobre todo.
Tenemos que inmacular al "viejo pirata", que se robó todas las pelotas, ladrón de la noche y de nuestros corazones, con la pausa justa cuando había que parar, ¡nuestra paz en el alma!, ¡no te mueras nunca!, y que si lo hacés, por favor, dejame que agarre tus cenizas y las esparza en el palacio así seguís robando pelotas por la eternidad.
Alvear sólo tuvo en Bolívar su arma más letal, pero no bastó, porque Progre lo supo contrarrestar con un Robinson que se dedicó a jugar como se le pedía, y un Powell que sigue demostrando que esta camiseta la calza bien. Progre lo terminó maniatando a su eterno rival, y le fué dando puñaladas de a poco, debilitándolo, con esas bombas de "Pepo", con el intratable Franco, y ese triple sobre el final del cuarto que puede matar a cualquiera.
Otra vez fué con la camiseta, pero esta vez peor por esa humillación de ser la eterna minoría al ser visitantes y ante una hinchada de Progre que era el "sexto hombre".
Van a venir tiempos mucho mejores, aunque las victorias en los clásicos no son comparables con nada, es ese "salvavidas" que nos saca del mundo por unos instantes, que nos invita a soñar con que las cosas van a estar por lo menos "más o menos bien".
La ciudad vuelve a ser nuestra como siempre, plantando bandera albirroja en el mástil de la plaza, ante la mirada socarrona de los que envidian tanta grandeza. Porque anoche quedó demostrado una vez más que en Villa Ángela manda uno sólo,el club de la calle España, esa calle de tantas hazañas por la que quiero caminar de la mano con mi amada alguna vez.
Y así se acabó la noche, que no quería irse después de tanta fiesta, de un lado los que la historia quiso que puedan saborear las mieles del éxito, porque "serás lo que debas ser"; y del otro lado, las caras pálidas y mortuorias de los fríos que la historia condenó.
Fué victoria de Progre una vez más, en el nombre de "La Mona", de Salinas, del "Camello", del "Sapo", de "Paco" que no puede con su alma, en el nombre de los que sufrieron a tu lado Progre, jugándose los huevos en la tribuna enlutando el corazón con triples y bandejas, en el nombre de la Villa entera que es toda de Progre, y sí...en el nombre de Padre.


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