Con la camiseta
Todavía ando con la adrenalina a mil, es que lo de Progre anoche fué perfecto. Fue de esos partidos que ni el más arriesgado fana de Progre hubiera creido.
Hace tiempo no me sentía tan en compañía, con esa "banda loca" que estuvo desde bien temprano, agitando trapos como siempre. Porque es su manera de escaparle a la miseria por un rato, porque mientras se elevan las voces y canten abrazados, la miseria se olvida y queda la alegría.
Estadio lleno, con almas divididas que eran de un color o de otro, sin medias tintas. La intimidad de nuestros guerreros en el vestuario que sería el detonante para "salir a matar".
Un Progre que arrancó nervioso, notándose esto aún más en jugadores como Bosch y Franco que en sus primeras intervenciones mostraron los nervios y ansiedad propia en su primer clásico y de esta magnitud.
Progre arrancó dormido y Alvear se lucia por momentos con un parcial de 14-0 que auguraba lo peor.
La viveza de Seigormann para meter los cambios oportunos y debidos y el aliento de su gente hicieron de que Progre comience a torcer la historia.
El gigante se despertó, se golpeó el pecho, se calzó la camiseta y salió a jugar de verdad, con "Pepo" de abanderado, jugando estos partidos como el ya sabe, acomodandose de a poco, pasando de ser el errático del comienzo a un William Wallace vestido de blanco y rojo que esquivaba hombres de negro. Y se contagió Legaria, con toda su calidad y experiencia, dando muestras por momentos que hubiera jugado toda su vida acá, se contagió también Franco, que por momentos era la pausa y el renacer de Progre en cada jugada, transmitiendo paz en esta guerra.
Se acoplaron Grutzky, que ya algo sabe de estas cosas, y también los americanos, que al comienzo tenían dudas terminaron siendo determinantes.
Laphitzborde que sin ser determinante, tuvo los destellos de siempre, tapando esos huecos abiertos en la eternidad.
Y así Progre lo fué consumiendo, comiendo hasta dejarlo de rodillas al clasico rival que por momentos pedìa clemencia. De un lado las caras largas, mortuorias, tristes y amargadas, y en un rincón una marea de lava roja haciendo estruendos en la noche y copando la "heladera" siendo "locales otra vez"
Sobre el final partieron unos "Ole, ole" de la tribuna visitante, mientras el equipo mostraba un basquet de alto vuelo, y ya era baile.
Progre lo ganó, de visitante, y ante el clásico de toda la vida, la mejor manera de arrancar la temporada.
Y vendrán los cronistas, periodistas, los que saben de horóscopo chino y feng.shui a preguntarse ¿cómo, por qué, con qué Progre le ganó a Alvear?...Ahorrensé el trabajo, yo se los contesto: CON LA CAMISETA.


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