lunes, 27 de agosto de 2012

No Veo la Hora



No veo la hora.
No señor, no veo la hora, de escaparme del mundo. De salir de este cuarto dos por dos y pedirle revancha a la vida.
No veo la hora de vestirme con la mejor ropa y salir disparado, derechito a España y Sarmiento.
No veo la hora, de que sea momento de describir con palabras lo que aquellos artistas de las manos hacen.
No veo la hora de mezclarme en un abrazo desconocido que huele a “de todo”.
No veo la hora del mate previo de la tarde cargado de estadistas y pronosticadores.
No veo la hora de que ese grito atragantado rompa el silencio de la noche.
No veo la hora señor, de que Dios se cuelgue de un para avalancha de nubes y alumbre el cielo de nuestro Palacio santo.
No veo la hora de que un Águila danzarín comience a darle cuerda a la ilusión.
No veo la hora de que se enciendan las luces y la emoción caiga desvanecida llorando en lágrimas gruesas.
No veo la hora hermano, de salir corriendo y prenderme allá arriba, de algún trapo polvoriento, con lo negro de las uñas y cantar alguna canción, mezcla de susurro y llanto.
No veo la hora de sentirme vivo otra vez cuando el corazón parece salirme del pecho, latiendo como la garganta de un sapo.
No veo la hora de estar cerca, bien al lado, como revisándole las costuras a este viejo Frankenstein mal remendado.
No veo la hora viejo, de enhebrar uno, dos, tres, mil gritos, haciendo ruborizar a la luna, que tiene igual de noches que nosotros.
No veo la hora de volver a buscar en las estrellas los motivos por los que te amo y quedarme sin estrellas.
No veo la hora loco, de rezarle a esos santos sin estampitas, de levantarme, sentarme, saltar y gritar, todo por esa vanidosa naranja que a veces entra, y no.
No veo la hora de que sea viernes 14 de septiembre, y cumplir un sueño de mi vida…ver a Progre en la A.

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