No Veo la Hora
No veo la hora.
No señor, no veo la hora, de escaparme del mundo. De salir
de este cuarto dos por dos y pedirle revancha a la vida.
No veo la hora de vestirme con la mejor ropa y salir
disparado, derechito a España y Sarmiento.
No veo la hora, de que sea momento de describir con palabras
lo que aquellos artistas de las manos hacen.
No veo la hora de mezclarme en un abrazo desconocido que
huele a “de todo”.
No veo la hora del mate previo de la tarde cargado de
estadistas y pronosticadores.
No veo la hora de que ese grito atragantado rompa el
silencio de la noche.
No veo la hora señor, de que Dios se cuelgue de un para
avalancha de nubes y alumbre el cielo de nuestro Palacio santo.
No veo la hora de que un Águila danzarín comience a darle
cuerda a la ilusión.
No veo la hora de que se enciendan las luces y la emoción caiga
desvanecida llorando en lágrimas gruesas.
No veo la hora hermano, de salir corriendo y prenderme allá
arriba, de algún trapo polvoriento, con lo negro de las uñas y cantar alguna canción,
mezcla de susurro y llanto.
No veo la hora de sentirme vivo otra vez cuando el corazón
parece salirme del pecho, latiendo como la garganta de un sapo.
No veo la hora de estar cerca, bien al lado, como revisándole
las costuras a este viejo Frankenstein mal remendado.
No veo la hora viejo, de enhebrar uno, dos, tres, mil
gritos, haciendo ruborizar a la luna, que tiene igual de noches que nosotros.
No veo la hora de volver a buscar en las estrellas los
motivos por los que te amo y quedarme sin estrellas.
No veo la hora loco, de rezarle a esos santos sin
estampitas, de levantarme, sentarme, saltar y gritar, todo por esa vanidosa
naranja que a veces entra, y no.
No veo la hora de que sea viernes 14 de septiembre, y
cumplir un sueño de mi vida…ver a Progre en la A.


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