Alma, Corazón y Vida
Hubo un rayo de luz
antes de la lluvia nocturna del miércoles. Cayó sobre “el Pepo” que desempolvó
el libro de destrezas del club. ¡Qué banquete! Este Progre “pibe de la
calle” se trepó a la final en una sesión de hombría y amor propio propia de
guerreros de sangre. Sí, este Progre que de Millonario no tiene ni el doble apellido. Este que se vio obligado a
mutar de príncipe a mendigo, que priorizó el futbol o las inferiores, que junta
estampillas para guardar sus ahorros. Ahí está arriba de todos. Se metió en la
final con una muestra de coraje admirable (y envidiable).
Este es el Progre de hoy. Anda trepado al cielo de la liga sin sufrir de vértigo, porque lo primero que entendió es buscar de mantenerse en la categoría, aunque sea. Y a partir de la lucha por la permanencia fue creciendo, despacito, paso a paso. Maduró. Afianzado ayer en un Rasio notable. Una sólida estructura defensiva, a la que se suman los “desdoblados” Osores y Laphizborde y en ese muro de acero que es Dilligard. Es la base, para no perder. Y de allí para adelante la confianza depositada en los “creativos” Schoppler, Cajal –después Gorostiaga- pero siempre intentando jugar, rotar la bola.
Un tema a revisar es el cansancio físico de los “piqueteros”. Ahí es cuando el equipo pierde ritmo y se nos vienen. De todos modos, aún apurado por el rival, trata de tomar aire y no caer en el descontrol. Tiene muy en claro que la ansiedad por cerrar los partidos lo ha traicionado más de lo que lo ha ayudado. Este Progre finalista es el mismo al que detesta la prensa capitalina, ese que todos querian que toque fondo mal. Que sus jugadores son compasivos hasta con la morosidad de sus salarios. Que hace un esfuerzo grande para vivir concentrado en todos los frentes.
Y no se puede detener en tantas cuestiones de identidad y paladar. Y habrá que quererlo así y comprenderlo. Si su casa se empobreció. Y la vieja anda con la libreta del almacenero. Y si gran parte de lo que está hoy levando es esa pizza casera amasada con la harina que había en las Inferiores. Y si no conoció el delivery de jugadores y arrancóla
Liga como Dios lo trajo al mundo. Y todos en silencio,
con humildad. Amarrocando, chito, con chirolas de ilusiones.
¿Cómo no lo vamos a bancar, entonces? Nobleza obliga, porque enarbola la modestia algo que engrandece a quien se sabe rey en desgracia. De allí la convicción y las sinrazones del corazón que nos empujan a respaldarlo. Y aunque todavía le falte para recuperar su status, el viejo trencito de carga del que habla Lobera va. Con esa locomotora a vapor que de la raya para adentro tiene un conductor espiritual como “el viejo”, imposible de abandonar y no contagiarse en su exuberante voluntad de arrastrar los vagones. Si además esos que arrancaron de la “última estación” andan decididos de ponerse los largos y pelearle a la vida. Emociona porque vive de la lucha pero no puede con su naturaleza que escapa al arte
Este es el Progre de hoy. Anda trepado al cielo de la liga sin sufrir de vértigo, porque lo primero que entendió es buscar de mantenerse en la categoría, aunque sea. Y a partir de la lucha por la permanencia fue creciendo, despacito, paso a paso. Maduró. Afianzado ayer en un Rasio notable. Una sólida estructura defensiva, a la que se suman los “desdoblados” Osores y Laphizborde y en ese muro de acero que es Dilligard. Es la base, para no perder. Y de allí para adelante la confianza depositada en los “creativos” Schoppler, Cajal –después Gorostiaga- pero siempre intentando jugar, rotar la bola.
Un tema a revisar es el cansancio físico de los “piqueteros”. Ahí es cuando el equipo pierde ritmo y se nos vienen. De todos modos, aún apurado por el rival, trata de tomar aire y no caer en el descontrol. Tiene muy en claro que la ansiedad por cerrar los partidos lo ha traicionado más de lo que lo ha ayudado. Este Progre finalista es el mismo al que detesta la prensa capitalina, ese que todos querian que toque fondo mal. Que sus jugadores son compasivos hasta con la morosidad de sus salarios. Que hace un esfuerzo grande para vivir concentrado en todos los frentes.
Y no se puede detener en tantas cuestiones de identidad y paladar. Y habrá que quererlo así y comprenderlo. Si su casa se empobreció. Y la vieja anda con la libreta del almacenero. Y si gran parte de lo que está hoy levando es esa pizza casera amasada con la harina que había en las Inferiores. Y si no conoció el delivery de jugadores y arrancó
¿Cómo no lo vamos a bancar, entonces? Nobleza obliga, porque enarbola la modestia algo que engrandece a quien se sabe rey en desgracia. De allí la convicción y las sinrazones del corazón que nos empujan a respaldarlo. Y aunque todavía le falte para recuperar su status, el viejo trencito de carga del que habla Lobera va. Con esa locomotora a vapor que de la raya para adentro tiene un conductor espiritual como “el viejo”, imposible de abandonar y no contagiarse en su exuberante voluntad de arrastrar los vagones. Si además esos que arrancaron de la “última estación” andan decididos de ponerse los largos y pelearle a la vida. Emociona porque vive de la lucha pero no puede con su naturaleza que escapa al arte
Este Progre nació como esos pibes que andan por las esquinas revoleando pelotas y palitos y a la noche les toca cartonear. Ese que arrima las propinas a la casa. El que se ganó
Vamos Progre, que la gilada no entiende nada. Amén de garra y amor propio, mucho menos de caerse y no abandonar hasta levantarse. Sube, sube, Rojo. Bandera de mi amor. ¿Quién lo iba a decir? El Progre “pibe de la calle” finalista. Y ahí andan otros a los que la abundancia los hizo pobres.” Ole ole ole, ole ole ole ola…” . ¿De qué carajo se trata esto? Gracias, muchachos, gracias guerreros. Por ese “cuadrito”, esa pintura, ese póster que desde ya, va a estar en la vitrina de los viejos y pibes. Anoche homologamos el pacto de amor, ese “Alma, corazón y vida...” el lema que confirma que la memoria de Progre está viva.
(Y vamos por mas he...)


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