miércoles, 2 de noviembre de 2011

No veo la hora


Son las 7.30 del 2 de noviembre de 2011 y uno no entiende qué hace frente a la PC a esa hora. Llega arrastrándose desde la cama mientras cualquiera de la mayoría de nuestros lectores recién vuelve del boliche, obvio, hoy es feriado. Pero el viernes juega Progre en casa. Después de la derrota en el clásico, contra Unión de Sunchales . Y ello por sí solo siempre es motivo de ansiedad.


Entonces uno se calza la 6 de Boni, pone la pava y salta al teclado, con los ojos pegados todavía. Locura total. Claro, no es hora para coordinar demasiadas ideas inteligentes. Sólo intentar atrapar los pensamientos que andan zumbando en la cabeza desde tan temprano. Son los hijos de un sentimiento extraño, de orgullo, gratitud y tristeza que ya no está, o que intenta irse. Nadie sabe si mañana vendrán nuevas, sólo que necesitan volverse palabras y que no se escapen.

La realidad es que habrá muchos que vuelven al Palacio. Volverán muchos en familia. Cantidad de pibes nuevos y otros como el caso de quien escribe no sólo como hincha, sino también como un “enamorado de Progre”. Será un día simbólico. De juramentos autocumplidos, después de haber jurado amar a estos colores aunque “pase lo que pase” el domingo.

Todos han tenido alguna historia complicada durante estos aciagos días. Por lo que a nadie se le escapa, que esa noche de viernes a las 22, comienza un nuevo ciclo para el club. Salir todos juntos del ostracismo, intentando cicatrizar heridas, o quedarse encerrados en el túnel. Ese es el dilema. ¿Subsumidos por la rancia oscuridad o barajar y dar de nuevo? ¿Será posible la esperanza? Hay buenas señales que inducen a creer. La forma en la que se terminó el partido ante Alvear, la hinchada que está siempre, la racha de partidos. Lo bien que se lo ve al “Viejo”. Y la más importante, esa sensata pasión de “volver a casa”.

Parece, entonces, una saludable manera de empezar de nuevo. Se siente un aire fresco, de renovación. De palabras claras, de serenidad. Es sabido que los 7 días son los de “luna de miel”. Vamos unidos, por una vida de “viaje de bodas”. El matrimonio está. El amor también, la pasión por el Rojo desvela multitudes, no sólo a este cristiano. “Tratame bien”, Progre.

Institucionalmente, hagamos una cruzada contra el maltrato, que los melones se acomodan solos en el carro a medida que va rodando. Huuum, qué ganas de volver a la catrera, a ver si se puede cerrar los ojos un rato. Y tal vez soñar. Un futuro de canto, de no violencia, de oles y remeras al viento, aunque llueva o hagan 40 grados. El viernes no será un día cualquiera. Que haya paz, buen básquet. Y por supuesto, fiesta. Nos vemos el viernes. “No veo la hora...”.

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