martes, 2 de octubre de 2012

¡¡¡A no dormirse Chamamé!!!




Serpentea un manto rojo, camaloteando río arriba. Allá va como el dorado buscando su norte de aguas cálidas. Es época de desove y veda y Progre quiere hacerse de su primer victoria en la A, no se puede detener.

Progre nada  hacia la conquista de Corrientes. Gambetea espineles, elude mallones, se entrega al fin a su gente. Desembarca  en  la  provincia “República” donde el chamamé  enloquece, los musiqueros no duermen, el verde parece una mandrágora por su exhuberancia y la siesta tiene su reino. Halla en  la líquida remontada el juego amigo de las mojarras, bailarinas del agua, tanto como el “Pepo” y el “Pitu” aguardan su momento para asociarse y escurrirse ante los tozudos “negros”, gigantes como palmeras, de Regatas, gallardo defensor de la soberanía taragüi.

Ha llegado el “histórico” Progre de Lobera. No es cosa de todos los días. Los esteros rebalsan sus arterias. El irupé una plácida platea. La emoción parece a punto de estallar. Ahí están las venas abiertas del hincha de Progre litoraleño derramando sangre como tanino, sobre el género de algodón y arroz que flamea sobre su tierra. Viene amaneciendo con el griterío de los teros, el vuelo de la Garza Mora y el canto cardenal.  La noche estrellada  resucita la vida en el silencio fresco y sepulcral que la habita. El aguará Guazú se hunde la espesura del monte.

Cajal pica como el tábano. Zago cuida su territorio, como la yarará. El mosquito molesta como el Viejo. Si a Progre se lo deja presionar y venir te deja ronchas impensables como el “polvorín”.

Está Progre en Corrientes, chamigo. Se siente conmovida como nunca  la tierra del Padre de la Patria. De liberales y autónomos. De guaraníes y gringos polqueros. De cintas rojas y altares que en cada rincón saludan al santo pagano “el Gauchito Gil”.  Hay un viento norte que seca el aliento. Sin embargo, miles de sapucay se preparan. Hay una última reserva que proviene de la humedad de la última gota de sus vísceras, para recibir al equipo del “Sapo” en la cancha. Un sapucay es algo así como un orgasmo sin sexo gritado a los cuatro vientos. Ya los gurises patean  descalzos en los arenales que abrasan. Ya oyeron de sus hermanos que llega el “Rojo” y ¿si vamos? Trepemos a los naranjos, escalemos palmeras, hagámonos bicherío o empujemos el viento norte. El río da vueltas y se esconde bajo los sauces. Se calla en los remansos. Ronronea su correntada frente a las barrancas. Así queremos ver a la pelota en las manos de Progresista. Que Cavaco recupere el empuje de un cimarrón.
Falta poco. Para que retumben los tamboriles de las comparsas carnavaleras, con sus sones de guerra. Listos para el combate. Mientras las esposas custodian, las armas para la bailanta. Las guainitas velan ansiosas la fiesta. Reposan  el  arpa, la viola y hasta  el acordeón. Pero eso vendrá más tarde…

Bien temprano despunta el amarillo que anuncia calcinarse. Todavía aúllan los carayás y abren sus ojos los yacarés. Despierta la fauna que conduce el “Sapo”. Despierta deberá estar, está en tierra de “soldados que regaron su bravura en el Atlántico Sur”. Hay que matizar la espera… los mates son bien  amargos y  largos... bien largos. Eso que no queremos de Progre tácticamente. Más vale cortito y ancho, profundo como un porrón bien frío. Como el biotipo de un guaraní…Cortita y bien, Progre.

Se acerca la hora.  Se oye un murmullo muy raro. No es tormenta, crecida, cañaveral ni maleza desmontada. Hay un picar de pelota, que anda revoloteando. Jilgueritos que andan silbando sus sueños de pisar el parqué del Palacio. Llegan de todos lados, orilleros, pueblerinos o del campo. Que Progre vuelva a ser Progre, que se renueve el orgullo del piberío. Sube Progre, remonta aguas que se presentan embravecidas. La virgencita de Itatí no atiende en Corrientes nada más. Sabe de nuestros respetos y devoción. Se respira en el aire el respeto a sus tradiciones y la naturaleza. Muchos andarán diciendo: “angá están viniendo de allá ité para hacerlos morder el polvo”. Se olvidan también de que Progre es grande, porque hasta Dios dispuso así , y que su juego históricamente hizo brillitos como el Paraná cuando parece envidrado.
Hay un duelo de “payés”. Dicen que los dos enamoran. Por las dudas: ¡A no dormirse, chamamé, a no dormirse!

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