viernes, 23 de septiembre de 2011

El Palacio

85 años dice el tiempo cronológico, inventado por occidente para medir más que el día y la noche, la jornada laboral. Sin embargo, hoy se cumplen vaya a saber cuántos según el tiempo circular que desde un pantano de Villa Ángela se fundó la Keops del básquet. Allí sólo existía el ferrocarril, montes quebrachales adornando las siestas. La frontera eran hileras de eucaliptos, bajo el líquido, y del otro lado el campo.
Hubo un hombre, que entre la locura y el ensueño armó un sueño colectivo. De un redondel del aire creó la más portentosa vasija del aliento. Ahuecó los humedales hasta el centro de la tierra y desde allí emergieron los cimientos que atraparían definitivamente el futuro, la gloria deportiva y la misa cuya primera oración reza: “¡Progre, mi buen amigo, esta campaña ‘volveremo’ a estar contigo!”.
Y fue así, que quedó tapiado el silencio, puertas afuera, y fue sudestada intempestiva de fervor tribunas adentro. Fueron necesarias 3.000 toneladas de acero y 26.0000 metros cuadrados de hormigón para custodiar nuestro “santo lugar”. Lo que nunca se pudo medir fue la fe que entregaron nuestros miles de templarios, aquellos hombres que acompañaron a su líder para que el “Monumento al Básquet”, “el Palacio de calle España” sea inaugurado y permanentemente embellecido y cuidado.
¿Cómo hicieron posibles los egipcios sus maravillosas pirámides, esos inigualables Santuarios? Unicamente, por amor a sus dioses. Ya, el oráculo de los sabios del reino de Lipzig y Binaghi, aquellos visionarios que se sacaban chispas, había anticipado que después del reinado de Lobera, Arece y Salinas, otras deidades pedirían pista rápido. Así fue que aquel pobre cuadrado de cemento se instaló, desde las piedras escalares que conformaron las gradas más galanas, tan rutilantes como las del Colón, tan majestuosas y misteriosas como las del Machu Picchu. Desde entonces, el “único estadio” fue Circo y Coliseo de malabaristas y gladiadores adorados. Y hubo un Sapo, una Mona, un Gringo, un Negro, un camello, un Gato, un Gladiador llamado Iván, un rey llamado Luis I ,un Viejo pirata, un pibe de la motito apodado “El Pitu” y, ahora, un Pepo que enamora.
Pero si en algo se convirtió la mole en medio del monte quebrachal fue de todos: “El Vaticano del básquet chaqueño”. Parqué por el que anduvieron jugadores de la talla de Milanesio, pasando por Campana hasta Wolkowizky. Sede de peñas,de bingos eternos.Hubo tanto regocijo, pero también hubo llanto. Y para eso se hizo, para implorar con el canto. Tuvimos nuestras "Vilcapugio y Ayohuma", nuestra noche ante Adelante. Y despedimos ahi mismo a "La Mona" y ofendieron nuestro credo. No lograron dividirnos y desde el fondo más hondo, aquél que esconde el cimiento, desde el fondo de la tierra brotó el fuego sagrado. Así como brotará siempre, por más rachas maleficios e incapaces dirigentes.
La llama de Progre es la llama de la vida, la de una cena con velas entre dos enamorados que día a día renuevan en un pacto apasionado, serle fiel al sacramento de la fidelidad: “En las buenas y en las malas”. “Palacio” "Catedral" sos nuestro templo, allí donde los astros han tornado el parqué en alfombra roja y las velas y candelabros en bengalas humeantes de color sangre y nieve. Allí donde los templarios practicamos a coro nuestros salmos paganos y donde el eco de la “o” de "Prooo" se lanza en catarata del fondo cavernoso de miles de gargantas. Retumba en nuestras bocas y estalla y se multiplica en la tribuna de madera, las butacas y la de cemento, mientras cerca del portón la gente atónita observa paralizada semejante explosión del alma sonora.
Hace nose cuantos años se inauguró nuestra Keops. ¿Hace cuanto? “El Palacio de calle España”, más que un estadio de básquet, una pirámide, rodeado de anillos, laberintos, puentes, túneles, piletas, es nuestro templario. Recuerdos de un pasado por nadie superado.
Gracias a nuestros templarios, los mismos que también habitan en las retinas de los mas viejos. Unos y otros son los responsables de mantener vivo el ritual pagano que nos convoca cada noche. Una historia regada de alquimistas que con su presencia multitudinaria partido a partido siguen fundiendo la piedra en el pantano. Una argamasa única, donde se mezclan la sangre de tantos corazones que morimos por el "rojo y blanco" y una pasión cementera y acerada, que nos acuna.

2 comentarios:

A las 23 de septiembre de 2011 a las 22:53 , Blogger Jorge Alejandro Favre Niveyro ha dicho...

Marido, necesitamos uno asi en el club... con una de estas intros media cancha lagrimea...
metele ficha!
desde la popular...

 
A las 24 de septiembre de 2011 a las 7:24 , Blogger EL PUEBLO DE PROGRE ha dicho...

Gracias mi hermano por al aguante, de verdad...uno a esto lo hace por amor al club del barrio, al del pueblo, sin otro fin....Un abrazo

 

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio